jueves, 21 de noviembre de 2013

Golpe de suerte


Lo primero que llamó la atención del hombre fueron las piernas. Eran enormes; parecían gruesos troncos de árboles. El resto del cuerpo estaba embutido en un vestido negro pasado de moda; aunque el color no podía hacer el milagro de quitarle kilos a aquella mole descomunal. ¿Cuánto pesaría? ¿Una tonelada?
El hombre estuvo a punto de sonreír, hasta que un brillo atrajo su mirada especulativa. «Ajá» pensó. Aquel fenómeno de mujer lucía pendientes de oro, al igual que los anillos que lanzaban destellos en sus manos rechonchas.
El individuo giró la cabeza a un lado para hacer una señal a su compañero, ubicado a pocos metros de distancia, quien con cara de aburrido mataba el tiempo escarbándose la nariz en medio de la acera sucia.
De inmediato ambos comenzaron a seguir sin disimulo a la mujer hasta su casa. Cuando ella sacó las llaves de su cartera, uno de los sujetos la abordó por detrás, y con una navaja la pinchó en el cuello, al tiempo que susurró:
–No chilles o te mato.
La mujer hizo un ruido como de un fuelle buscando aire, y entró a trompicones, seguida por los dos hombres. El que la apuntaba con la navaja la obligó a entregarle las joyas que ella llevaba puestas, mientras su compañero comenzó a abrir cajones y volcar su contenido en el suelo.
–¿Dónde tienes la pasta? ¡Venga, que no tenemos todo el día! –gritó a la mujer.
Ella, temblorosa e incapaz de hablar, lo llevó a la cocina y le indicó con un gesto una lata de galletas en lo alto de la alacena. El delincuente se abalanzó sobre el mueble para coger la lata, en tanto que el otro hombre abrió la nevera carcajeando:
–¡Eh, «foca», esto está vacío! ¿Dónde escondes la comida?
Ambos daban la espalda a la mujer, quien por primera vez habló con una sorprendente voz de barítono:
–¿Cómo me has llamado?
Al instante cogió una cuchilla de carnicero y la hundió en el vientre del primer sujeto. Mientras este caía al suelo, la mujer atacó al segundo hombre con increíble agilidad; lo tumbó boca arriba de un golpe en la mandíbula, y se le echó encima, con una pesada rodilla sobre el cuello que le aplastaba la tráquea, al tiempo que con la cuchilla trazaba un tajo desde el esternón hasta el bajo vientre. El hombre tenía los ojos en blanco y su cuerpo se sacudía en espasmos. La atacante se inclinó para susurrarle:
–Te has equivocado, guapo. Aquí dentro hay una joven esbelta y fuerte, ¿lo ves?
Después se incorporó y comenzó a trabajar.
Había tenido mucha suerte; por fin volvería a llenar la nevera.




Nota: las imágenes pertenecen a la película Misery.

9 comentarios:

  1. ¡Wow! Qué bueno, Fabiana. Excelente manejo del suspenso, con una vuelta de tuerca que no me vi venir, y un final espeluznante. Te felicito, che, me encantó.
    ¡Saludos!
    P.D.: y qué actriz Kathy Bates, una verdadera genia.

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    1. Muchas gracias Juan, me alegro de que te haya gustado... Y coincido con vos sobre esta actriz, puro talento muy bien aprovechado en esta película...
      ¡Saludos!

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  2. ¡Estupendo!
    Me encantan los finales que usas en tus historias: impactantes y directos al grano. Y, por supuesto, Annie Wilkes viene que ni pintada para ellos.

    ¡Saludos!

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    1. Muchas gracias, Israel, me alegro de que te haya gustado... Y tanto la actriz como su papel aquí han sido ideales para "coronar" mi pequeña historia.
      ¡Saludos!

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  3. Brava para el relato Fabiana. Sirve una Buena venganza aderezada con justicia.

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    1. ¡Muchas gracias por tu comentario, Carlos!
      ¡Saludos!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Genial relato! Me tuviste en suspenso durante toda la trama. Hermoso blog. Un gusto conocerte compatriota, soy de Argentina y estoy encantada de leerte. Te sigo y te dejo un abrazo. Traffic Club- http://delucesysombrasmy.blogspot.com.ar :)

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    1. Hola Soledad,
      me alegro de que te guste mi blog, estoy encantada de que lo visités cuando quieras... Y que seamos compatriotas es otra alegría, para mí que estoy lejos de la hermosa y sufrida Argentina... Te mando un abrazo grande!

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